No soy capaz de culparte aunque lo haga. Culpar de todo a la nada, imagino.
Me vi siempre en tu lugar teniendo las cosas claras y he juzgado sin querer lo inalcanzable de ese vacío que afirmas con los ojos, tienes una oscuridad extraña, una sonrisa cansada de esas que saben que ya no hay marcha atrás, que el final es ese y te arrepientes. Piensas.
Mira, no puedo decir más de la vida que lo que aprendí viendo tus manías, no puedo mentirte con un todo o una nada de errores y sacrificios en los que no creo, ni puedo sonreirte ante el final que me veo venir. Lo siento.
Siempre aposté mil palabras al segundo por ti, me crecí entre estropicios y de todos esos (d)años salen estas mentiras, quiero decir que yo nunca fui muy de creer, pero siempre ganaba tu sonrisa.
Y ahora estoy aquí, con los sentidos cansados, una sonrisa de payaso triste y un montón de mentiras para decirte, porque si, todo irá bien, pero nunca así.
No hay comentarios:
Publicar un comentario