sábado, 17 de junio de 2017

Baila.

Tengo un sueño en el que te echo de menos y tú bailas.
No se me ocurre nada mejor que tu risa, pero quizás a esos dientes le faltan realidad.
¿A cuántas despedidas estamos de que lo entiendas? No tengo claro cuál es el momento de cogerte de la mano, fuerte, y decirte “hasta aquí, cariño, vente conmigo, deja tus miedos, olvidemos los fantasmas, esta carga ya no es tuya”.
Vamos.
Así que, eso, tengo un sueño en el que te echo de menos porque bailas, porque sonríes, y es sincera, la felicidad digo, y me contagia, pero luego me despierto y solo veo tu sonrisa cansada, tu risa llena de lágrimas y tu aguante; y yo solo quiero cogerte fuerte la mano y llevarte a la playa.
¿Ves lo grande que es el mar? Joder, está lleno de tus lágrimas contenidas, y apenas puedo creerme que hayamos llegado hasta aquí, tan vivas.
Tú no eres feliz, te dije un día, y sonríes igual porque siempre, joder siempre, has afrontado todo con buena cara, pero es mentira, como sus promesas, y tú lo sabes, ¿verdad? Por eso tu risa es falsa y por eso tus ojos hablan así.
En fin, solo quería decirte eso, que tuve un sueño en el que sonreías, y era verdad, y nos inundabas a todos, y ahí yo encontraba el hogar.

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